Montevideo
Historia de la ciudad
En torno a su bahía, dos hitos geográficos otorgan impronta al paisaje de mar: hacia occidente el Cerro, con su fortaleza militar y sus suaves y extensas pendientes; hacia oriente, en cambio, una pequeña península le da cierre y ayuda a conformarla. Es sobre esta última, precisamente, que se fundó Montevideo en 1726.
Los primeros tiempos de la ciudad están marcados por el ritmo lento de la vida colonial, encerrada entre fortificaciones, aunque ese encierro se vio atenuado por la apertura portuaria y comercial. Algunos edificios de la época conforman el primer patrimonio urbano, como el Cabildo o la iglesia catedral; también algunas magníficas viviendas como las actuales sedes del Museo Histórico Nacional, llamadas Casa de Rivera y Casa de Lavalleja.
En el siglo xix, ya en tiempos republicanos, la ocupación urbana se expande hacia el este: Centro y Cordón, fundamentalmente. Pero también otros barrios como Pocitos, Punta Carretas, Carrasco y la zona costera en general se consolidan hacia comienzos del siglo pasado. Es este un Montevideo que crece asociado al turismo de sol y playa, con excepcionales parques urbanos: Rodó, Central —actual parque Batlle y Ordóñez— y Rivera, entre otros.
Montevideo combina la escala amable de una ciudad intermedia con una intensa vida pública y cultural. Caminar por sus calles, recorriendo comercios y participando de su oferta gastronómica, es una experiencia más que recomendable.
Estacionalidad
Montevideo, como tantas ciudades, permite descubrir una fuerte caracterización de sus espacios urbanos, en acuerdo con el ciclo estacional.
Muchos de esos ámbitos se fortalecen en una relación muy directa con el clima dominante, ganando identidad y preferencia. En verano, por ejemplo, su borde costero se consolida como principal lugar de la ciudad: la rambla, las playas y sus terrazas sobre el mar se llenan de vida hasta bien entrada la noche. Asimismo, su calendario cultural alcanza un significativo momento —entre enero y marzo— con el carnaval más largo del mundo y las “llamadas” del candombe.
En otoño y primavera, en cambio, Montevideo invita a recorrer ferias, parques y festivales gastronómicos, así como a visitar la zona de los barrios Cordón y Punta Carretas por la noche, con sus bares y restaurantes. El invierno se vive, con mayor ímpetu, puertas adentro: en los museos, en los ciclos teatrales y musicales de los grandes auditorios como el Solís o las salas del Sodre. Montevideo es, sin duda, la capital cultural del país, en la que el visitante puede recorrer librerías, detenerse en tradicionales cafés o asistir a conciertos y exposiciones artísticas diversas.












